No entiendo ni comparto el revuelo que causó el documental exhibido a finales de 2009 en Argentina.
¿Acaso las Farc todavía existen? ¿No dizque habían sido derrotadas por la Seguridad Democrática del incomparable, superdotado y mesiánico Uribe, el único capaz de resolver nuestra crisis?
¿No será más bien que la ficción procede de los círculos oficiales y de sus medios de difusión?
Digamos la verdad: la subversión, como problema, no tiene la entidad ni el calado que nos vienen enseñando, pero al gobierno, al ejército y a los capitalistas les conviene mantener semejante paradigma para explotar la industria de la guerra. El obstáculo más importante aquí no es el levantamiento popular sino la desigualdad económica, social y cultural y el atraso que generan el egoísmo y el apetito insaciable de la clase dominante.
Hasta los analistas más retrógrados de otras latitudes han comprendido que la guerrilla tiene motivaciones políticas especiales que se nutren de nuestra problemática económica, social y cultural.
Las Farc, como organización político-militar subversiva, no surgieron porque sí, por maldad intrínseca de sus gestores o por aventurerismo de sus miembros.
Se trata de un movimiento que pertenece a nuestro devenir, que se explica por los avatares de injusticia y desigualdad experimentados durante los últimos sesenta años y que no se puede borrar de un soplo en aras del designio vengador, ahistórico y huero, de un resentido que se cree Mesías.
La cabal comprensión de nuestro aquí y ahora es tarea más profunda, que no podemos dejársela por pereza a los politiqueros, a los militares, a los periodistas payasos o loros ni mucho menos a los industriales de la guerra...
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